UNA INTEGRACIÓN MASIVA

Estamos
integrados a una sociedad que ha puesto solo en el consumo su gran objetivo, por
esta razón es un aspecto común en la vida cotidiana, está protagonizando
la función comercial, se impregna en los sentidos e interrumpe indirectamente
en nuestra creatividad. Todos, en especial los jóvenes, dejamos que la realidad
sólo adjunte el término MODA, simplemente para sentirnos “definidos” ante la colectividad.
Entonces
resulta que en este mundo verídico, hay ciertos mecanismos que intentan ofrecer
rentabilidad, imponiendo ámbitos a favor de ellos, modificando los hechos para que
cada vez haya más gente radicada en el entorno donde se benefician ellos y nos
hundimos más nosotros. Se indica que los medios de comunicación nos alimentan a
base de basura amarillista, influidos por la política, la economía y la
iglesia. Igualmente, la publicidad, específicamente “EL MUNDO DE LAS MARCAS”,
ha hecho esclavas a la personas, pero estás no están justificadas por el color
de piel o su inclinación religiosa, sino por la cantidad de billetes que tengan
en el bolsillo o el saldo disponible en
la tarjeta de crédito.
Conociendo el panorama, vemos
cómo el animal racional está sometido a su alrededor, y aunque pueda que haya
soluciones postuladas por organizaciones dedicadas al cambio, la injusticia es
como el polvo del viento en nuestra
sociedad, un componente indefectible. La falta de oídos que oigan los gritos
del pueblo, es una entre muchas causas de resignación adoptadas por la gente.
Nuestra necedad hace que no nos importe la obtención de autonomía, de un
curioso atrayente o de un pensamiento singular.