miércoles, 13 de febrero de 2013

                             UNA INTEGRACIÓN MASIVA



Estamos integrados a una sociedad que ha puesto solo en el consumo su gran objetivo, por esta razón es un aspecto común en la vida cotidiana, está protagonizando la función comercial, se impregna en los sentidos e interrumpe indirectamente en nuestra creatividad. Todos, en especial los jóvenes, dejamos que la realidad sólo adjunte el término MODA, simplemente para sentirnos “definidos” ante  la colectividad.

Entonces resulta que en este mundo verídico, hay ciertos mecanismos que intentan ofrecer rentabilidad, imponiendo ámbitos a favor de ellos, modificando los hechos para que cada vez haya más gente radicada en el entorno donde se benefician ellos y nos hundimos más nosotros. Se indica que los medios de comunicación nos alimentan a base de basura amarillista, influidos por la política, la economía y la iglesia. Igualmente, la publicidad, específicamente “EL MUNDO DE LAS MARCAS”, ha hecho esclavas a la personas, pero estás no están justificadas por el color de piel o su inclinación religiosa, sino por la cantidad de billetes que tengan en el    bolsillo o el  saldo disponible en la tarjeta de crédito.

 Conociendo el panorama, vemos cómo el animal racional está sometido a su alrededor, y aunque pueda que haya soluciones postuladas por organizaciones dedicadas al cambio, la injusticia es como el polvo del  viento en nuestra sociedad, un componente indefectible. La falta de oídos que oigan los gritos del pueblo, es una entre muchas causas de resignación adoptadas por la gente. Nuestra necedad hace que no nos importe la obtención de autonomía, de un curioso atrayente o de un pensamiento singular.